10 Dic 2015

Un grupo de investigadores recurre a la estimulación magnética del cerebro para reducir la adicción de cocainómanos

Por Adam Piore

Stefano, un hombre de 46 años de Padua (Italia) adicto a la cocaína, había aceptado que quizás moriría debido a su adicción. Acababa de recaer de nuevo tras siete meses en un centro de rehabilitación, su tercer intento fallido de limpiarse. Stefano (que pidió que no publicáramos su apellido) no podía aguantar ni dos días sin ingerir la droga.

Así que cuando leyó un artículo en una revista sobre un nuevo método poco usual para tratar a los adictos, pensó que no tenía mucho que perder. El estudio describía cómo unos investigadores locales estaban empleando una técnica llamada estimulación magnética transcranial (EMT) para contrarrestar el deseo de drogarse. Tendría que quedarse sentado en una silla mientras los médicos agitarían una varilla en forma de ocho alrededor de su cabeza para enviar ondas magnéticas a su corteza prefrontal.

«Así que, casi en broma, un poco por contentar a mi familia, dije que lo intentaría», recuerda Stefano.

Ahora, los resultados del estudio en el que participaron 29 cocainómanos que acudieron a una clínica de Padua para desintoxicarse, se han publicado. Sugieren que la terapia de estimulación magnética reduce significativamente tanto el consumo de cocaína como el deseo de drogarse. Stefano asegura que su apetito por la cocaína disminuyó dramáticamente después de varias sesiones bajo el imán. «No lo puedo explicar», dice. «Fue muy rápido».

Los resultados, publicados la semana pasada en la revista europea Neuropsychopharmacology por Luigi Gallimberti, un médico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Padua (Italia), y Alberto Terraneo, un médico que trata adictos, están generando una gran expectación y optimismo entre los investigadores especializados en las adicciones, porque no existen tratamientos farmacológicos eficaces contra la adicción a la cocaína. También hay un marco teórico que explica por qué estimular el cerebro con imanes puede funcionar, puesto que unos experimentos realizados este año proporcionaron resultados similares en ratas adictas a la cocaína.

Los médicos de Italia monitorizaron los efectos de la terapia mediante unos análisis de orina para determinar si los adictos habían ingerido cocaína. También les pidieron que valoraran las ganas de drogarse en una escala del 1 al 10. De 16 participantes que recibieron la terapia, en sesiones diarias durante cinco días y después semanales, 11 se mantuvieron sobrios frente a tan sólo tres de un total de 13 de un grupo que no recibió la terapia. «La mejora de los pacientes es muy significativa», dice Antonello Bonci, el director científico del programa interno de investigación del Instituto Nacional de la Adicción de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) y uno de los autores del estudio. «Es un primer paso increíblemente importante hacia un tratamiento neurobiológico para la adicción a la cocaína. De momento no disponemos de nada que ayude a tratar a los adictos a la cocaína más allá de la terapia cognitiva y el apoyo psicológico».

Otros científicos han observado que el estudio fue pequeño y que los adictos sabían si recibían el tratamiento o se encontraban en un grupo de control. «No queremos dejarnos llevar demasiado por la emoción, porque es un estudio muy preliminar», explica Rob Malenka, investigador de la adicción de la Universidad de Stanford (EEUU). Pero Malenka considera que el esfuerzo por tratar la adicción con la EMT, que representa la «extensión lógica» de la tecnología, se está convirtiendo en una terapia ampliamente aceptada para algunos tipos de depresión.

Utilizada contra la depresión

Desarrollada en la década de 1980, la EMT ha ganado en popularidad en años recientes y fue aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) para tratar la depresión en 2008. El mecanismo concreto por el cual funciona no se entiende del todo. Pero parece que la adicción establece unos patrones de señales cerebrales que incitan a las personas a buscar compulsivamente la droga, y la aplicación de la EMT puede interrumpir ese patrón, al igual que el ruido puede interferir con una señal de radio.

El estudio italiano nació de algunos descubrimientos recientes, y espectaculares, sobre los complejos circuitos cerebrales involucrados en la adicción. En los adictos, unas áreas de la corteza prefrontal que normalmente serían activas a menudo se vuelven oscuras en ausencia de la droga, un estado al que los investigadores llaman «hipoactivo». Y el adormecimiento de las zonas cerebrales que resultan cruciales para la toma de decisiones podría ser lo que impulsa a los adictos a seguir consumiendo la droga incluso cuando las consecuencias son ruinosas.

Un equipo del NIH liderado por Bonci ya había demostrado con anterioridad que las ratas adictas buscaban compulsivamente cocaína incluso después de saber que hacerlo producía descargas eléctricas en sus pies. Pero cuando Bonci y sus colaboradores estimularon la actividad cerebral artificialmente en la corteza prelímbica con una técnica llamada optogenética, las ratas, que normalmente eran consumidores compulsivos, perdían el interés. Cuando Bonci restauró el estado hipoactivo, los roedores volvían a buscar la droga de forma compulsiva.

En el caso de los humanos, la idea es crear un efecto similar con unos potentes imanes que lleguen a la zona del cerebro llamado corteza prefrontal dorsolateral. Según Bonci, los estudios de escaneo cerebral indican que los efectos sobre la actividad cerebral parecen ondular hacia fuera, como el agua que resbala por un paraguas. «Es un efecto de red», explica. «Crea un hermoso efecto generalizado». Añade que ha reclutado tres clínicas para participar en unos estudios ciegos más grandes de la terapia para la adicción, incluido el centro de EMT de la Universidad de Northwestern en Chicago (EEUU).

Crisitan Lüscher, un neurocientífico e investigador de adicciones de la Universidad de Ginebra (Suiza), también ha demostrado que puede anular el comportamiento de búsqueda de drogas en ratones al dirigirse a diferentes regiones cerebrales. Opina que el estudio italiano es importante por cómo intenta aplicar descubrimientos de la neurociencia básica frente a la adicción. Es probable que esto anime a más investigadores a realizar unos estudios más amplios y concluyentes, añade.

Para Stefano, el adicto italiano que habló con MIT Technology Review por teléfono, los resultados ya han cambiado su vida. «Es una sensación nueva para mí, tener dinero en el bolsillo y no necesitar salir a comprar cocaína», dice con gran entusiasmo. «Es increíble. La gente se da cuenta de que he cambiado».

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